viernes, 3 de junio de 2016

domingo, 22 de mayo de 2016

LOS ESCRITORES Y SUS IMBECILIDADES

Muchos escritores se parecen a esas vecinas que se cruzan en el mercado y comienzan a hablar sobre los méritos de sus hijos (en el campo que sea) para dejar en claro que los suyos son mejores que los de su interlocutora (en el campo que sea).
En un bar escuchaba cómo dos escritoras llevaban a cabo un verdadero ping-pong, interminable, acerca de sus éxitos: si a una le habían reseñado un libro, a la otra dos; si una fue entrevistada en una radio, la otra en televisión; si una estaba trabajando en un cuento largo, la otra en un largo y arduo ensayo sobre el cuento…, y así…
El mensaje subyacente, furtivo, siempre es el mismo: “Soy mejor que tú, tienes que darte cuenta de una vez”. Lo inaudito es que actuarían del mismo modo ante Borges o García Márquez.

lunes, 30 de noviembre de 2015

OTRO CONSEJO PARA ESCRITORES NOVELES (EN VEZ DE DORMIR LA SIESTA)



     El mejor consejo que se le puede dar a un escritor principiante es el de leer mucho (y escribir un poco menos, claro). Poco se habla de la forma en que el aspirante a escritor debe conducirse en su faceta más humana.
     A medida que va publicando en la Web, en revistas y diarios (ni hablar del primer libro) comienza a recibir aplausos y cumplidos de gente cercana a sus afectos. La subsiguiente inclusión en agrupaciones y la participación en congresos y mítines literarios le granjeará la amistad y el elogio de escritores ─muchos─ renombrados. El interés y la estima que muestran por tu trabajo es real, pero no son tan enérgicos como aparentan.
     Escritor principiante: aquí es donde debe encenderse tu luz de alarma. Quienes palmean tu espalda se saben mejores artistas que vos. Están  completamente seguros de su superioridad. Apostarían su alma testificando que el peor de sus textos es superior ─muy superior─ a lo mejor que pudiste escribir.
     Creer en esos elogios es vergonzoso. Estar a la espera de esas caricias fingidas, es humillante. Lo que hay que aprender a distinguir son las flores verdaderas de las que (muy bonitas) son de plástico. Y con esto no quiero decir que aquellos que regalan alabanzas artificiales son malas personas; en absoluto: todos actuamos así en algún momento. Que recuerde, yo lo hice (y no fue la única vez) el mes pasado en una librería. Todos tenemos un pequeño demonio que nos lleva a actuar así.
     Entonces, lo que debemos aprender son dos cosas: distinguir lo auténtico de lo ficticio, y aprender a convivir con ese demonio que llevamos dentro (entrenarnos para que aflore lo menos posible es el desafío). Ese demonio vive hambriento de adulaciones, y nos obliga a adular (en beneficio propio). Ser conscientes de este deshonroso defecto que tenemos, ya es un avance. Gozaremos de incontables momentos de felicidad. No hay nada más divertido que saber que quien te está felicitando, con su mano en tu hombro, en su imaginación sobrenatural ve su zapato (de oro) en tu cuello (de cordero).
    Usted, joven escritor y aspirante a la inmortalidad, salga de esas reuniones, busque a su esposa, novia, amante o incluso gente que no sepa ni leer ni escribir (y que lo quieran bien), tómese una cerveza y ríase junto a ellos de lo que acaba de vivir. Aspire a ser mejor persona para ellos. Porque ellos ─únicamente ellos─ sienten que usted es un gran artista, alguien admirable y único en este universo repleto de constelaciones de aplausos.

 

 


lunes, 13 de abril de 2015

martes, 10 de junio de 2014

MI FABULA, TÚ


Yo sé que te prometí un cuento,
Que hable de tus sueños de niña,
De cómo te han mentido los presidentes,
Del miedo que sientes al descubrir una nueva arruga.
Yo sé que te prometí un cuento,
Que hable de aquella fuente sin monedas
Y del primer beso que no supo tan bien,
Que hable de las montañas que mirabas
Y nunca pudiste alcanzar.
Yo sé que te debo un cuento,
Que hable de los sueños a los que fue necesario renunciar,
 de tu picardía al verte en las vidrieras,
que hable de aquella traición
que tus ojos olvidarán como un nombre en la playa.
Yo sé que te debo un cuento,
Que hable de aquel secreto
Que con nadie compartirás.
Que hable de aquel dolor
Que un día te nubló todo por dentro.
Yo sé que te debo un cuento,
Que recupere las olas de tu mar
Y que arranque las lágrimas de tu calendario,
Que te dé lo que esperabas de la vida,
Que te diga que el mundo es tuyo,
Y que la reina de esta fábula sos vos.






TODO VOLVERA

Tiene leña la casa de la niñez,

Más que leña, guitarra.

Cómo echarte al olvido.

La galería y mi abuelo,

El limonero y los mangos.

El mesón gigante, las risas y el pan.

La ternura de un perro jugando

Conmigo entre las plantas.

La siesta sagrada y el temor al duende.

Las manos con harina de aquella

Tía solterona.

Qué lindo era, desde allí,

Mirar el cielo de Tucumán.

No quiero otra suerte

Que la de volverte a ver.




CALLES DE MADRUGADA

Perro viejo, callejero, te veo beber de un charco al costado de la calle. Un gato se acerca y bebe a sus anchas. No sé si has visto en el agua tus ojos cansados, tus ojos oscuros de oscura hora. Sí sé que suspiraste, sí sé que al desaparecer calle abajo, y me miraste, también comprendiste.