martes, 6 de marzo de 2012

NOTA EN DIARIO LA GACETA

"El arranque de un escritor es incierto; uno siente que va por la cuerda floja"
Es tucumano, pero triunfó con sus relatos en España y Estados Unidos. Su libro "Perro diablo", basada en la leyenda del familiar, es de lectura obligada en los colegios secundarios de México. "Escribir me salvó de pegarme un tiro en la cabeza", comentó. Su nuevo proyecto es una novela para adultos.

Cargando, aguarde un momento...
TRAYECTORIA. A los 39 años, Orlando Romano es uno de los escritores tucumanos con más éxito en el exterior. Aún sigue escribiendo en los bares. LA GACETA/FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO. Mientras caminaba por la solitaria avenida Corrientes de Buenos Aires descubrió en un puesto de revistas lo que le desviaría el rumbo: un libro. No cualquiera, sino el clásico "El amor en los tiempos del cólera", de Gabriel García Márquez. Tenía 23 años y había llegado a la gran ciudad con la promesa del trabajo y las oportunidades, pero desde hacía varios meses trabajaba limpiando hipermercados. Entraba a la medianoche y salía cuando la ciudad comenzaba a despabilarse. No le alcanzaba más que para pagar un cuarto en un hotel-residencia (de esos que abundan en la Capital) para el transporte y algunas necesidades básicas. El vicio del pucho lo solucionaba levantando cigarros a medio terminar que encontraba mientras limpiaba. Orlando Romano ahora tiene 39 años, y se permite una risa compasiva. Sentado en un bar pide el tercer café de la mañana y corre hacia un costado el paquete de cigarrillos. En el cenicero humea la última colilla (de una decena).-¿Qué te pasó con el libro?- Leerlo me salvó de la soledad de Buenos Aires y me ayudó a decidirme. Pensé que a mí también me gustaría que otro lograra olvidar los problemas leyendo lo que yo escribía.- La pasabas mal...- Una vez le dije a una periodista que escribir me salvó de pegarme un tiro en la cabeza.- ¿Tanto así?- Se volvió un ávido lector de cuentos y en un cuaderno empezó a garabatear las primeras historias. Las mesas de bares eran su estudio, ese bullicio era preferible antes que la habitación del hotel ("Te encontrás cada personaje en ese lugar", dice cerrando los ojos). De chico había leído todo lo que se le cruzaba; los pocos libros que tenía en su casa de la infancia los había devorado una y otra vez. La soledad le permitió desenterrar aquello que, según él, no hubiese descubierto en Tucumán.Al poco tiempo presentó un cuento en un concurso y ganó. El premio era la publicación de un libro de relatos editado por el Centro Argentino para el Desarrollo y Difusión de Autores Noveles. "Cuentos de un minuto" fue el resultado de su trabajo. Tenía 26 años. "Cuando me nombraron como ganador sentí una emoción muy grande, quería abrazar a alguien pero había ido solo", recuerda. Lo mismo, cuando recibió el primer ejemplar con sus historias. Ese trampolín que fue el libro lo llevó a colaborar en una revista para discapacitados, que a su vez lo vinculó con un editor del diario La Nación, que lo contrató como colaborador para notas de color: frescas y originales. Trabajar para un medio le abrió las puertas al mundo de los escritores porteños, de los círculos, de los bares, de las tertulias, de las técnicas de la ficción, de las reflexiones sobre la vida y, muy importante, de los editores. Estrechó vínculos con Ana María Shua, Carlos Brasca y otro tucumano, David Lagmanovich, de quienes aprendió los secretos del microrrelato. "Aproveché para ir metiéndome de a poco en ese mundo: ¿en qué épocas escriben más? ¿el invierno genera historias de melancolía? ¿dónde escriben?", explicó.Así le llegó la oportunidad de participar de una compilación de cuentos juveniles de terror que iba a lanzar una editorial mexicana."Yo nunca había escrito una novela y menos de terror, pero me embarqué por pedido de un editor español que coordinaba la publicación", recuerda.Varios meses de trabajo que comenzaron en Buenos Aires y terminaron en Toledo, España, dieron como resultado una adaptación de la leyenda popular sobre el perro familiar. Romano había elegido un relato que le había puesto la piel de gallina cuando era chico y decidió conservar los cálidos escenarios tucumanos.Los primeros capítulos que envió a la editorial mexicana fueron decisivos. "Pasó un tiempo hasta que me contestaron diciéndome que mi cuento entraría en la serie de terror. Estaba feliz y lo curioso era que una leyenda tucumana era la que me posicionaba fuera de mi país", aclaró.En España vivió tres años y mientras escribía dabas clases en Talavera de la Reina. Su libro "Perro diablo" comenzó a ser una lectura pedida en los secundarios mexicanos.El salto a Nueva YorkDurante sus años en Buenos Aires había comenzado a entrevistar psicólogos y psiquiatras con la idea de armar un libro sobre historias de parejas. En medio del proceso le quedaban muchas anécdotas en apuntes que había levantado. Historias diminutas, reflexiones, diálogos jocosos que pintaban el mundo femenino desde todos los ángulos.Así nació "La ciudad de los amores breves", microrrelatos de historias de amor de mujeres. "El universo femenino me parece mucho más rico. Cuando escribía algo dicho por los varones lo descartaba porque no tenían la misma profundidad", confiesa.Este librito reúne más de 100 microrrelatos y fue editado en Tucumán por La aguja de buffón. En 2009 el escritor regresó a la provincia con la idea de quedarse. Los años de nómade llegaban a su fin. "No lo vi como una derrota, como pueden pensar algunos; desde aquí sigo escribiendo todos los días", agrega.Y desde allá fue que le llegó el más insólito pedido. Un círculo de lectores de Nueva York (Club Mosaico) estaba buscando un libro de algún autor latinoamericano para comprar con motivo del día de San Valentín. Escarbando encontraron "La ciudad de los amores breves" y decidieron comprar los 500 ejemplares que Orlando tenía. "Esto me sirvió para salir del círculo más bien académico en el que me encontraba. En ese club hay más de 60.000 suscriptos de todas partes", dice.Arrancó con cuentos juveniles, siguió con entrevistas y microrrelatos; ahora está inmerso en su proyecto más ambicioso: una novela para adultos. No tiene prisa ("El arranque del escritor es incierto, sentís que vas por la cuerda floja"), pero serán dos años de largas mañanas en un café: escribiendo y escribiendo. "Hoy, todo lo que viví, cuando lo cuento, me parece de película", concluye.


Juan José Hernández y eso de que nadie es profeta en su tierra.- "Creo que es un escritor que va a ser considerado en unos años como uno de los más brillantes. Con él nos veíamos en Buenos Aires y una vez me contó que una vecina de su barrio cuando se lo cruzó le dijo: 'el otro día vi un texto que estaba firmado con tu nombre: ¿sos vos el que escribís?'. Los que te conocen son los últimos en reconocerte..." (risas). -

La inquietud de un joven sobre la vida de escritor.- "Un día me llegó un mail de un joven que me decía que quería abandonar su vida aburrida de administrativo para dedicarse a escribir. Quería que yo le diera algunos consejos. Le escribí aconsejándole que debía escribir, escribir y escribir; que no era fácil y que tenía que juntar mucho material. Además, le ofrecí contactarlo con algunos editores, pero le aclaré que los réditos económicos recién comenzaban a verse después del séptimo libro. Me contestó que no tenía tiempo para escribir tanto ni ganas, que mejor iba a escribir un solo libro bueno. A veces, queremos las cosas sin poner demasiado esfuerzo". -

El bar de Toledo y cómo valoran el arte.- "Siempre me gustó escribir en bares, por lo general, elijo uno y voy todos los días. Mientras viví en Toledo frecuentaba un bar en particular. Un día se me acercó el dueño y me preguntó qué hacía; le dije 'escribo, soy escritor'. No me contestó nada y se retiró mirándome de forma extraña. Después, cada vez que me veía no quería cobrarme los cafés. Yo me acerqué y le advertí: 'mire que yo no soy conocido, no soy Borges, no soy nada'. Me respondió que no le importaba, que para él era muy importante que yo haya elegido su bar para mi arte".

domingo, 12 de febrero de 2012

NOTA EN DIARIO LA NACION

San Valentín, en clave tucumana
Por
Juana Libedinsky LA NACION


NUEVA YORK.- Esta es la época del año en la que, con sólo poner un pie en la calle, con el frío que golpea, una se siente cinco kilos más gorda, una década más vieja y, envuelta en un abrigo para alta montaña y una bufanda de lana, con el mismo glamour que un colchón vencido y una manta vieja.
Naturalmente, estamos en la Fashion Week, en la cual las supermodelos no tienen la decencia de restringirse a las pasarelas sino que invaden la ciudad. Sólo consuela que cuando éstas pasan al lado de las obras en construcción o de algún camión de reparto, reciben tan pocos silbidos, miradas lascivas y ocurrentes comentarios como las señoras disfrazadas de colchones. Es que en la era de lo políticamente correcto y los juicios por acoso sexual no sólo desapareció el piropo, sino todo tipo de lenguaje corporal que demuestre interés por el sexo opuesto.
Esta historia viene a colación de que, para el Día de San Valentín, un círculo de lectores de la ciudad, al escudriñar la literatura latinoamericana tras alguna perlita desconocida, decidió festejarlo comprando todos los ejemplares que un escritor argentino, Orlando Romano, sacó en su Tucumán natal. Es un libro de microrrelatos que lleva el título tremendamente neoyorquino de La Ciudad de los amores breves , con historias "bien al estilo Sex and the City ", según explica el autor.
Por todo eso se supondría que la comprensión de los textos será inmediata. Salvo que uno de ellos se refiere, justamente, a los piropos y las miradas inapropiadas, un hábito que las lectoras del club "Mosaico" -señoras de más de 40 años, y de origen latino- sólo podrían recordar si vuelven a sus países de origen.

viernes, 10 de febrero de 2012

PARA SER ESCRITOR




Son pocos los profesores o escritores profesionales que le dirán al joven escritor, o aspirante a escritor, las cosas fundamentales a tener en cuenta antes de lanzarse en esta Profesión (sí, con mayúsculas) que muchos toman como un simple Hobby o Pasatiempo o como una forma de alcanzar la fama. Cada tanto, mientras mis tiempos lo permitan, escribiré algunas sugerencias para aquellos que deseen, fervientemente, vivir DE y PARA la literatura. Sólo para ellos.
Puede resultar curioso, pero el Talento, el Ingenio, la Facilidad de Palabras y el correcto manejo del lenguaje No son lo primero que necesita un escritor. Lo que necesita es rodearse de unas pocas personas que comprendan y respeten lo que hace. Pueden ser familiares, amigos o colegas, pero debe tratarse de personas que sean capaces de dar ánimo al escritor, justamente, cuando este cae en el desánimo (cosa muy común). Es fácil que el escritor pierda la brújula al ver que sus propósitos en la vida están lejos de coincidir con el de los demás. Mientras otros progresan en sus carreras o trabajos como abogados, médicos e ingenieros, él está encerrado en su habitación imaginando historias. De manera que mi primer consejo es éste: tener cerca alguna persona (de carácter optimista), poco importa que no sea un crítico literario, pero que crea en el escritor y entienda perfectamente por qué hace lo que hace, por qué sueña lo que sueña, las cosas que lo entristecen y aquello que lo hace feliz.

sábado, 3 de diciembre de 2011

LARGO ADIOS A LOS MICROS




En junio de 2006, durante la cena de cierre del Encuentro de Microficción en Buenos Aires, alguien me decía (orgulloso) que los microcuentistas éramos una raza distinta, porque todos éramos amigos y nos apreciábamos, cosa que no existía en otros géneros literarios. Esta persona tenía razón, y yo me sentí feliz de pertenecer.
El tiempo pasó (porque tiene esa costumbre), y el elenco de microrrelatistas creció hasta límites inimaginables. Hoy en día es difícil no encontrar a alguien que no escriba microficción. En Latinoamérica, semana a semana, mes a mes, se llevan a cabo todo tipo de congresos, mesas de lecturas, presentaciones de libros, concursos (absurdos en su mayoría) y muchos etcéteras. Yo quiero tener un millón de amigos, no se cansa de cantar Roberto Carlos. Sospecho que los microrrelatistas están muy cerca de cumplir con el mandato de la archiconocida canción.
¿Por qué ha pasado esto? Un fenómeno tan masivo quizás debería ser materia para psicólogos y sociólogos. ¿Por qué estas personas no escriben novelas o ensayos? Pienso, y tal vez me equivoco, que el cultor de textos brevísimos necesita (como el agua y el aire) de la aprobación permanente, de la palmada en la espalda, de los aplausos diarios (publican frenéticamente en blog, páginas web, redes sociales). El novelista, en cambio, es como un trapecista sin red, intenta su número sabiendo que puede caer y salir lastimado. Al microrrelatista, por su parte, me lo imagino vestido de payaso, sujeto por la cintura con cuerdas seguras, caminando por una cuerda floja que no representa el menor peligro (abajo sí está la red salvadora, por si fuese poco). Si no cae obtendrá los aplausos, y si resbala y se desmorona también.
Entonces, ¿cuál es el arte verdadero? Imagino la cara del trapecista sin red, viendo cómo el payaso se lleva los mayores aplausos. Él, que durante años entrenó tanto, se esforzó tanto, que ha tratado de imitar a los mejores, se sentirá indignado. Pero no puede manifestarle su malestar al dueño del circo, no puede compartir con nadie su sentimiento de injusticia, porque lo tomarán por soberbio, o por envidioso. Le quedan pocas cosas por hacer: bajar la cabeza y aceptar que se celebre la mediocridad de otro, disfrazarse él también de payaso, o abandonar el circo.
Dejemos descansar al trapecista y volvamos sobre los cultores de la brevedad extrema. Son cientos, son miles, siguen reproduciéndose como conejos (sin tener el encanto de Bugs Bunny). ¿Es arte aquello que puede ser llevado a cabo por tanta gente? Una pregunta que no sé o no quiero responderme. ¿Acaso el arte no implica un mínimo de dificultad para lograr algo bello o conmovedor? Yo lo entendía así, pero lo que pude observar a lo largo de estos últimos años es que todos los microrrelatos parecen ser buenos, porque se los aplaude en los congresos, porque reciben comentarios favorables en redes sociales, en blogs y páginas web. No sé si a alguien más le ocurrió lo mismo, pero algunas veces he sucumbido ante la presión que da la amistad, y tuve que tildar de excelente algún texto que me parecía horroroso. Me niego a hacerlo nuevamente, por respeto a lo que yo considero arte, y más aún por respeto a lo que yo considero amistad.
En mi primer libro de microrrelatos escribí que la creación de historias breves representaba para mí un juego, el juego más divertido, SERIO y apasionante de los que me había tocado participar en toda mi vida. Había leído y releído a los más grandes cultores del género, y soñaba con escribir historias así. Fue emocionante conocer en persona a Brasca, a Shua, a Lagmanovich, y disfrutar de su cercanía y amistad. Ídolos a imitar. Trabajadores de la palabra en estado puro. Ejemplos a seguir. Me recuerdo tirando cientos de textos a la basura. Me recuerdo en un café de la plaza Congreso, enojado conmigo por no poder encontrar un final mejor para un micro. Me recuerdo escribiendo cinco versiones distintas de un mismo tema, para finalmente desechar todas. No hubo juego más divertido, ni más complejo, ni más atrapante. Un juego en el que la única regla era exigirse al máximo para contar la mejor historia posible, la mejor de todos los tiempos (aún sabiendo que era imposible). Intentarlo. Hoy es un juego en el que la presencia de tantos participantes me marea y me aturde, donde las reglas no son claras (quizás no las hay), donde todos se creen Maradona con la diez en la espalda (y de hecho lo son). Un juego donde no hay exigencias de ningún tipo, donde no hace falta transpirar la camiseta, donde el triunfo (los aplausos) es seguro.

En unos años más, todo el planeta será el escenario de este juego. Estaremos rodeados de artistas-jugadores, todos dignos de respeto. ¿Habrá lectores para todos? ¿Se leerán entre ellos y con eso bastará? Desganado, aburrido, estoy al borde del campo (a no confundir aburrimiento con desprecio). Me convenzo, no sin cierto pesar, de que nadie notará la falta de un participante más. Entre bostezos, parto en busca de otro juego, uno donde las posibilidades de fracasar sean elevadas. Si voy a fracasar, que sea en busca de una causa grande, y rodeado de unos pocos pero verdaderos amigos. Quizás el arte verdadero tenga que ver con eso: elegir un camino difícil, enfrentar los obstáculos, y al final escuchar el aplauso sincero del artista obstinado y soñador que llevamos dentro. Éxito o fracaso no importan demasiado cuando se ha entregado todo.

lunes, 31 de octubre de 2011

DECADENCIA DEL MICRORRELATO




Es una pena que un género relativamente nuevo, que nació para ser grande, haya caído tan temprano en la degradación. Internet está repleto de blogs y de páginas web donde día tras día se publican textos verdaderamente lamentables bajo el rótulo de microrrelatos. Ni hablar de la enorme cantidad de libros publicados (¿Cuántos otros hay en este preciso momento en la imprenta?) que van al encuentro de lectores ávidos de leer textos breves. ¿Qué ocurre cuando estos textos tan pobres y des-generados caen en manos de lectores, periodistas o críticos literarios genuinos? Supongo que les brotará del alma un comentario simple y contundente: ¡qué tontería, qué imbecilidad!.
Lo que ha sucedido con el microrrelato y su degradación no es un misterio: es un género cuya brevedad extrema resulta engañosa, y al mismo tiempo tentadora. Hay quienes leen las exquisitas brevedades de Monterroso, Brasca, Shua, Borges, Denevi y piensan: “qué bonito es esto, yo también puedo lograrlo, y en unos pocos minutos”. Y así es como el género de la brevedad, de pronto y sin quererlo, recluta cientos y cientos de nuevos cultores.
Pero ahí no termina la cosa, porque el nuevo aspirante advierte que, muy a menudo, demasiado a menudo, en diversas partes del mundo se realizan congresos y mesas de lecturas de microrrelatos. Y el nuevo aspirante, que pronto dejará de serlo para convertirse en profesional, allí encontrará el lugar apropiado para ocupar la misma mesa donde leen autores ya consagrados. Comienza a ser un par, un igual. Y lo mejor de todo es que llega a cosechar amistosos aplausos del público asistente cuando culmina su lectura. Sí, lo aplauden aunque lo que haya leído sea una reverenda cagada. Quienes no lo conocen se mirarán entre absortos y risueños.
¿Sirven los congresos de microrrelatos? Años atrás, claro que sí. Servían para que aquellos apasionados por el estudio exhaustivo de los textos breves se conocieran e intercambiaran conocimientos, servían para conocer nuevos autores, muchos de los cuales llegaban a los congresos invitados por alguien (estudioso y respetuoso del género) que los había descubierto.
Hoy alcanza con tener dinero suficiente para el boleto para asistir a esos encuentros. No hay más requisitos que ése. Cualquiera asiste, cualquiera lee; luego vienen las tertulias, los almuerzos, las cenas, las copas, y de allí uno sale como sintiendo una especie de hermandad de espíritu con el otro (el alcohol y el estar lejos de casa provocan estas emociones). Y de esto resulta que el aspirante a genio (ya le queda chico aspirar a escritor) se ha ganado la amistad de críticos de renombre, de antólogos, de escritores renombrados… Y cada vez que lea o publique algo en internet o en formato libro habrá que aplaudirlo o palmearle la espalda. Habrá ganado la batalla.
¿Está mal ese deseo de sobresalir y el gusto por los aplausos? Claro que no, pero para eso se inventó Gran Hermano: la fórmula perfecta para darse a conocer masivamente sin tener el menor mérito.
Y si en los congresos de microrrelatos no empiezan a poner límites, ciertas restricciones, ciertas exigencias (que los textos que se van a leer pasen por la aprobación de quienes entienden en la materia, al menos), muy pronto se convertirán en un Gran Hermano Literario donde aplaudiremos a rabiar a aquellos que sólo persiguen una cosa: que los festejen y reconozcan por no hacer absolutamente nada.

lunes, 20 de diciembre de 2010

TODO PASA



Y una mañana desperté y él no fue mi primer pensamiento: fue el segundo. Y hubo otro amanecer donde fue mi tercer pensamiento, y así... Para bien o mal, todo es alejamiento en esta vida.

JUEGO DE SEDUCCION



_Te cuento: es extremadamente sabio, inteligente, sumamente divertido, sabe cómo tratar a las mujeres y hacerlas reír...
_¿Es bondadoso?
_Eso no lo sé, abuela. ¿Por qué lo preguntas?
_El diablo suele vestir con la piel de hombres así.

viernes, 19 de noviembre de 2010

POR QUÉ ESCRIBO



Semanas atrás me telefoneó una periodista de cierta revista literaria. Comentó que le habían encargado contactarse con un grupo de escritores para preguntarles acerca de cómo había nacido su oficio. Estaba muy entusiasmada porque, según me contó, las respuestas que venía obteniendo eran muy "coloridas" y poéticas, con mucho de "magia". Si bien el tema no me parecía (qué descubrimiento) nada original, acepté participar con mucho gusto. Entonces le dije mi verdad a la muchacha (parecía jovencita). "Mira, hace muchos años atrás yo me hospedaba en un hotel muy pobre de Buenos Aires. Estaba completamente solo, pasaba hambre y tenía frío. Entonces empecé a escribir historias, porque fue lo único que me impidió quitar el dedo del gatillo". Mi respuesta, para nada poética, no se publicó en la revista. Pienso que algunas personas deberían, de vez en cuando, darse una vuelta por el mundo real, aceptarlo, aunque no siempre sea tan mágico.

viernes, 12 de noviembre de 2010

MICRO-DESAHOGO



La sabiduría popular aconseja, sabiamente, que para hacer una carrera destacada (en cualquier campo) es conveniente acercarse a una persona de renombre (en la materia que nos concierne), alguien a cuya sombra poder crecer, desarrollarse y, tarde o temprano, sobresalir. Esta persona nos aconsejará, hará que nuestro camino hacia el éxito sea más breve (como un microrrelato), nos proporcionará contactos por demás interesantes y, en el mejor de los casos, nos abrirá puertas que, sin su apoyo, nos resultaría imposible de abrir. Y así sucede que el aspirante al estrellato pasa a ser, de la noche a la mañana, una especie de discípulo. Pero lo que no debe olvidar el discípulo es aprenderse de memoria los grandes logros de su maestro (con fechas precisas), sus grandes obras, sus éxitos... ¿Para qué? Pues, hombre, para palmearle la espalda al maestro y recordárselo permanentemente, para que no quede ninguna duda de que lo idolatramos. Llegado este punto, las invitaciones a ciertas reuniones, copetines y presentaciones de libros estarán garantizadas casi de por vida. Estrecharemos las manos de personas notables que, de otra manera, nos hubiesen ignorado por completo. Eso, sí, siempre hay que tener una frase inteligente, alguna fina humorada para lanzar en algún momento oportuno, algún que otro halago... Cuesta creerlo, pero un gesto así nos convierte en personas interesantes y queribles en cuestión de segundos, y eso facilitaría en mucho nuestra veloz carrera hacia el éxito... A esta altura yo me pregunto: ¿Está mal proceder así? Me respondo que quizás no. No, cuando la admiración hacia el maestro es sincera, cuando apreciamos y valoramos lo que hace, cuando sentimos que nuestra alma (si acaso la tenemos) está hermanada con la de él. Tampoco es cuestión de andar por la vida comportándonos como hipócritas. Porque la hipocrecía, tarde o temprano, muestra sus hilachas. Muestra sus hilachas, sobre todo, cuando el maestro ya no está, cuando nuestro comportamiento, frente a su ausencia, no se condice con todo el circo de halabanzas que habíamos montado a su alrededor. Pero lo peor de todo, para quien así se comporta, es caer en la cuenta de que el maestro no era ajeno a la falsedad del discípulo. Se daba cuenta, y sin embargo le seguía brindando lo mejor de él. David querido, vos sabías mucho, y ahora estás en un sitio donde lo sabés todo. Aquí concluye mi texto, nacido quizás de la bronca. Yo sé que vos los perdonas. Hasta siempre.

jueves, 3 de diciembre de 2009

CONFESIONES



Siempre sentí que me amabas... Pero nunca que me necesitaras.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

CANSANCIO DEL AYER Y DEL MAÑANA



Nunca encontré la felicidad... Traicioné a la niña que fui.

viernes, 21 de agosto de 2009

UNO MISMO



Nadie fue tan feliz como ella en su soledad. Tenía una imaginación encendida y las manos suaves.

domingo, 26 de julio de 2009

AQUELLA GITANA




Aquí mi tardía dedicatoria para aquella joven gitana que, en un bar de Madrid, me dijo que allí escribiría mi mejor libro, y que sería muy feliz, aunque tal vez no lo merecía (esto último lo dijo tras la tercera caña)

domingo, 12 de abril de 2009

LA SABIDURÍA DE LA ABUELA



Las buenas personas se dividen en tres clases:
Las que aman con todas sus fuerzas, las que alguna vez amaron con todas sus fuerzas, y las que sienten el gran vacío de nunca haber amado con todas sus fuerzas.

lunes, 16 de marzo de 2009

LOS CONSEJOS DE LA ABUELA



¿Cómo evitar las penas de amor...? Pues conociendo bien sus razones: no estar con la persona amada, estar con la persona amada.

martes, 10 de febrero de 2009

DEL DICCIONARIO DE MI ABUELA



AMOR: Juego incomprensible donde una persona adora la forma de ser de otra a la que trata por todos los medios de cambiar.

SEDUCCIÓN: Suma de las partes de una mujer actuando de una manera tal que ningún ser sobre la tierra es capaz de resistir.

lunes, 22 de diciembre de 2008

CEGUERA DE AMOR



-Seré honesta contigo... ese muchacho que tanto te gusta, al parecer está un poco loco.
-¿Por qué dices eso?
-Ve cosas que no existen...
-Mejor... O nunca se enamoraría de mí ni de nadie en esta vida.

jueves, 11 de diciembre de 2008

GUERRA TOTAL



Mutilaban a las mujeres más hermosas de sus enemigos para que no les aventajasen en el arte de la poesía.

FANTASMAS



Dos fantasmas charlaban en la sala principal de un museo londinense (el lugar estaba repleto de personas). Uno de ellos aseguró, alarmado, que de tanto en tanto oía ruidos extraños.
-Borra esa idea. Nadie jamás logró ver a un hombre.

sábado, 30 de agosto de 2008

VIRGENES BESTIALES



Las monjas miraban con tanta atención al joven plomero, que para cuando éste terminó de destapar las cañerías unas eran menos vírgenes que otras.